JDI IN THE NEWS - 2009

Pilar Marrero, Inmigrantes gays vulnerables en prisión, La Opinión, August 23, 2009

Mientras el gobierno de Barack Obama se compromete a revisar la política y condiciones de detención inmigrantes, los abogados y grupos de derechos humanos señalan que los gays, transgénero y VIH positivo están entre los más vulnerables de los detenidos por autoridades migratorias.

El martes, por ejemplo, se reunirán en Washington varios grupos activistas junto con representantes del gobierno para hablar de las políticas que rigen la detención de inmigrantes transgénero.

Johnny Franco, un gay guatemalteco de 24 años que está detenido en la cárcel del condado de Santa Ana, declaró a La Opinión que es víctima de maltrato verbal y en ocasiones físico por parte de los agentes que los resguardan.

"No tienes muchos derechos aquí, no te dejan usar los teléfonos o salir al patio si no les da la gana, te gritan y te dicen marranadas", dice Franco. "Un día venía yo con una galleta en la boca y uno de los agentes me pegó y me tiró la comida al suelo gritándome que yo era una basura".

Franco, como muchos otros de los gays que están en esta cárcel, fue convicto de algún delito, cumplió su condena en otro centro penitenciario y ahora está esperando su proceso de deportación de regreso a su país.

Fueron dos meses de cárcel por manejar sin licencia y cargar una pipa de marihuana, pero su condena lo hace deportable y su detención, obligatoria, como lo es para todos los convictos de delitos de drogas.

"Yo ya me quiero ir, dije que firmaría mi salida, pero aun así no me terminan de dejar salir", dice Franco. "Yo no digo que nos traten como princesas, pero lo humillan mucho a uno, y mucha gente que viene del campo, entre más miedo ven en su rostro más los tratan de pisotear".

Las condiciones en los centros de detención han estado recientemente en las noticias, debido a numerosos reportes críticos de organizaciones de derechos humanos sobre la falta de transparencia y el trato a los detenidos en los centros de la Oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), o las más de 300 cárceles contratadas a gobiernos locales o condales para detener a los presos migratorios.

"Estamos revisando nuestras políticas de detención, y una parte importante del plan es pedir aportaciones a los activistas sobre los cambios que deben ocurrir en el sistema", dijo Virginia Kice, portavoz regional de ICE. "Estamos comprometidos a garantizar la seguridad y bienestar de las persoans bajo nuestra custodia".

La población gay en una cárcel o en un centro de detención siempre es dificil de manejar, dijeron observadores, ya que la cárcel "es un lugar con ambiente masculino, machista, que tiende a ensañarse con las personas que son diferntes", señaló Talia Inlender, abogada de la organización Public Counsel.

Inlender, que dirige una clínica legal en la cárcel de Santa Ana sobre procesos de inmigración para los detenidos, dijo que los inmigrantes gays están segregados del resto en diferentes áreas de la cárcel.

"Supuestamente esto es por su seguridad. Aun así, ellos hablan de sufrir hostigamiento y burlas, no sólo de otros detenidos sino de guardias", dijo Inlender. "El problema es que la mayoría de ellos está pidiendo asilo y ese proceso es demasiado largo, y como no pueden salir pasan mucho tiempo allí encerrados".

"La evidencia muestra que en un centro correccional tan poco abierto, como es el caso de los centros para inmigrantes, hay un alto riesgo de asalto sexual y otro tipo de violencia contra los homosexuales", apuntó Darby Hickey, de Just Detention International.

Grupos activistas han señalado que uno de los problemas que aún queda por resolver es el acceso a los medicamentos adecuados para los detenidos que son VIH positivos y también los tratamientos hormonales que toman los transgénero.

"Sabemos de casos en los que no reciben el tratamiento que necesitan dentro del centro de detención, y como están detenidos por largo tiempo esto puede llevar a complicaciones", dijo Inlender.

Hace dos años, la muerte de una detenida transgénero, Victoria (Víctor) Arellano en el centro de detención de San Pedro, en California, que era VIH positivo y nunca recibió los tratamientos adecuados a pesar del deterioro de su salud, causó un gran revuelo y denuncias sobre la falta de vigilancia del tratamiento médico de los presos.

Muchos de estos inmigrantes vienen de países latinoamericanos, donde la discriminación contra los gays y lesbianas es tan acentuada, que vienen a Estados Unidos buscando mejores condiciones e incluso a salvar su vida.

Afortunadamente para ellos, en años recientes los tribunales de inmigración han reflejado una actitud compasiva y otorgado docenas de casos de asilo a gays que alegan persecusión en sus países.

Juan López, alias Mónica, de 30 años, es un trasvesti de El Salvador que sufrió arresto en Arizona tras cruzar la frontera y que logró presentar una petición de asilo político porque se negó a firmar su salida voluntaria en prisión.

"Cuando llegué allí pedí hablar con un oficial y le dije que quería presentar un caso de asilo. Él me dijo que esos privilegios se habían acabado; le estaban diciendo a todos los que llegaban que si no firmaban los iban a deportar a otros países. Yo logré llamar a mi casa y mi mamá me dijo que no firmara nada", dijo Juan. "Pero tuve que insistir mucho para que me hicieran caso. Otros no tuvieron esa suerte"

Marta Canossa, abogada de Juan, indicó que el salvadoreño tiene un fuerte caso de asilo.

"Tenemos cientos de páginas de noticias, declaraciones médicas de los ataques que sufrió allá, casi lo matan de una cuchillada, le han matado a varias de sus compañeras travesti… en El Salvador ni la Policía ni las maras dejan en paz a los gays y menos a los trasvestis", dijo Canossa.

Muchos no saben, dijo la abogada, que pueden presentar solicitudes de asilo o ver a un juez y se sienten presionados a ceder todos sus derechos.

Los detenidos por inmigración no cuentan con muchos de los derechos de otros grupos, nadie les lee sus Miranda Rights (derecho a permanecer callados), ni pueden acceder a un abogado pagado por el estado, como en los casos criminales.

Hoy en día, López vive en Los Ángeles, trabaja en una fábrica y vive libremente como trasvesti (se viste de mujer pero no se ha cambiado el sexo) y tiene pendiente un caso de asilo político.

"Estoy 100% mejor aquí, aquí hay más tolerancia", dijo Juan. "Hace un mes me llamaron para avisarme de la muerte de una compañera allá en El Salvador. si yo regresara, me matarían".



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