JDI IN THE NEWS - 2008

Claudia Núñez, Injusticias tras las rejas: Prisiones de mujeres en California están entre las 10 con más abusos en el país, La Opinión, February 18, 2008.

‘Las otras internas te queman con agua caliente si no te dejas tocar"; "Yo vi cuando la violaron con el cepillo para limpiar los pisos"; "El oficial me arrojó contra la pared y abusó de mí"; ésas parecen historias sacadas de archivos de guerra, sin embargo suceden a escasas cinco horas de Los Ángeles, en los dos centros de detención para mujeres más grandes del país, la Prisión Estatal para Mujeres del Valle (VSPW) y El Centro de Mujeres de California (CCWF), ambas en la zona de Chowchilla al norte de estado.

Actualmente, mientras miles de letras se gastan para describir los abusos en las prisiones de Irak, Cuba o Kosovo, cerca de 8,000 reclusas en California están viviendo una pesadilla de inseguridad y violencia sexual tras las rejas, según declaraciones de las propias internas.

La tarde del 10 de abril del 2004, Carolina *, una interna de CCWF decidió no ir a cenar porque se sentía indispuesta. Cerca de las 5:30 de tarde, Nathan Thomas Lesher, el oficial encargado de la vigilancia de las celdas se percató de que Carolina estaba sola, recostada sobre su cama y leyendo un libro.

Minutos después regresó y abrió la puerta de la celda.

"Inmediatamente vi que sus pantalones estaban abiertos y su pene fuera. Me arrojó contra la pared y me violó", narró Carolina en una carta que fue entregada a este diario.

Esa noche, tras el abuso, Carolina permaneció en vela, con miedo hasta de cerrar los ojos, sola, devastada y con la certeza de que en la cárcel la justicia no existe.

"Tuve mucho miedo de reportar al oficial. Otras de mis compañeras me contaron que ese mismo guardia las obligaba a que le mostraran los senos y a bañarse frente a él. Nadie me confesó que la hubieran violado", contó.

En enero de este año, Esperanza* de 25 años y convicta por ser cómplice de un robo vehicular fue golpeada y abusada por un grupo de tres internas. En menos de un mes, la escena de golpes y abuso sexual se repitieron.

"Me la tienen amenazada. Dicen que si las denuncia o que si pide su cambio para otra prisión allá también tienen gente para que me la golpeen. Mi hija estaba toda moretoneada, su espalda, su cara, está viviendo un infierno", expresó la madre, tras una visita que realizó con La Opinión a la penitenciaria.

Las historias de Esperanza y Carolina no son narraciones aisladas de horror. Un reporte emitido en diciembre por el Departamento de Justicia de la Nación (USDOJ) colocó a la Prisión Estatal para Mujeres de Valley (VSPW) en la séptima posición entre las 10 cárceles estatales y federales con más violaciones sexuales reportadas por las internas en todo el país.

En esa prisión, indica el estudio, 109 internas de cada 1,000, han sido violadas sexualmente a manos de otras reclusas, y 125 de cada 1,000 han sido abusadas por empleados de la prisión.

"Estamos frente a una epidemia y la realidad es todavía peor. Según nuestras propias encuestas, los números que maneja el Departamento de Justicia se quedan cortos. El problema es 15 veces peor de lo que ellos dicen", indicó Linda McFarlane, directora ejecutiva de la organización Stop Prisioner Rape (Alto a las violaciones de los prisioneros) en Los Ángeles.

La encuesta federal, la primera que se realiza en la historia del país, se implementó en 146 penitenciarías como parte del Acta Federal para Eliminar la Violación Sexual en las Prisiones 2003, que obliga a todas las cárceles a tomar acciones para reducir los abusos sexuales.

Para la directora del proyecto Paige Harrison, el alto índice de abusos a manos de los propios empleados de las correccionales levantó una bandera de alerta.

"Poner números a los rostros es sólo el primer paso, pero necesitamos ir más allá. Según los resultados, un alto número de internas afirmó haber aceptado tener relaciones con los empleados de las correccionales ‘voluntariamente’. ¿Cómo puede ser esto posible?, ellos son quienes ejercen el poder sobre ellas, son sus superiores. Tenemos que entender qué está pasando realmente", explicó.

Wendy Still, directora del Programa y Servicios para las Mujeres Convictas del Departamento de Correccionales y Rehabilitación de California (CDCR), quien está a cargo de las prisiones de Chowchilla, dijo reconocer que existe un problema importante de abuso sexual en las prisiones de Chowchilla, pero descartó que se trate de delitos serios

"Creo que es necesario aclarar que las denuncias principalmente en el sondeo fueron de caricias inapropiadas entre internas y no de violaciones. De cualquier manera entendemos que no importan las estadísticas, la situación es que tenemos un problema y tenemos que trabajar para solucionarlo", dijo.

Entre las soluciones planteadas está la implementación de cámaras de video en la prisión VSPW, las cuales entrarían en funcionamiento a partir de marzo, así como el desarrollo de materiales educativos para empleados y reclusas.

Pero los esfuerzos, dicen las propias internas, son pobres comparados con la dimensión del problema.

"Aquí violan a alguien casi todos los días. A una de mis compañeras la violaron con un cepillo para limpiar los pisos y nadie hizo nada por ella. Si te quejas te va peor. A muchas las queman con agua caliente si no se dejan tocar", declaró a este diario una de las internas entrevistadas en VSPW, quien prefirió ocultar su nombre por temor a represalias.

A diferencia de una mujer violada que es libre, el trauma para quien está presa es más profundo y la sensación de impotencia lo domina todo, indican expertos.

"Ellas no pueden correr a una agencia de ayuda a recibir terapia y por sus delitos las reclusas no tienen credibilidad, al contrario, son forzadas a firmar declaraciones engorrosas antes de recibir ayuda y si a esto sumamos que sus raptores son muchas veces el propio personal la situación es desalentadora" indicó McFarlane.

Para amortiguar los incidentes las correccionales suelen transferir a las víctimas violadas a otras instituciones, lo que provoca que muchas internas se queden calladas por temor de ser separadas de sus hijos y familia.

En Chowchilla cerca de 30% de las mujeres son hispanas y 85% son madres de familia que se mantienen conectadas con sus hijos a través de un autobús que los transporta de manera gratuita hasta esas prisiones.

"Si las transfieren a otros centros ya no podrán ver a sus hijos, por eso muchas callan el delito", explicó Nancy Rubinstein portavoz del Consejo para los Familiares de las Reclusas (VSPW IFC).
El miedo a la separación es sólo un factor que interviene en los bajos índices de denuncia, otro elemento importante es que la mayoría de la internas, casi el 80% ha sido abusada sexualmente antes de caer tras las rejas.

"Llega a parecerles tan natural que no se percatan de que están siendo violadas. Una de ellas nos contó que acepta tener relaciones sexuales con las otras internas por temor a que le peguen, pero que no cree que está siendo violada. ¡Es increíble!... Lo triste con las reclusas es que cuando llegan a la prisión para pagar por sus culpas, unas a veces pequeñas, se les vuelve a violar, a ‘revictimizar’ y las heridas del pasado se vuelven más profundas", comentó McFarlane.

Para esta activista las historias de abusos sexuales a prisioneras no es un problema de regiones lejanas, sino violaciones que se suceden a menos de cinco horas de su oficina.